He escuchado historias similares demasiadas veces. Alguien llega a terapia, abre su corazón, comienza a hablar sobre sus deseos kink, sus prácticas BDSM, su necesidad de poder o vulnerabilidad—y el terapeuta responde con una versión modernizada del mismo mensaje: «Esto es síntoma de algo. Algo está roto en ti.»

A veces lo dicen con compasión. A veces con condescendencia. Pero siempre con la misma certeza: que tus deseos son evidencia de trauma. De desviación. De patología.

Y eso es profundamente equivocado.

La Patologización Como Control

Durante décadas, la psicología ha catalogado la sexualidad alternativa como desorden. El DSM—el manual diagnóstico que define qué es «normal»—ha incluido prácticas BDSM bajo «Trastornos Parafílicos». Como si el hecho de que te excite el poder, o la vulnerabilidad, o el dolor, fuera evidencia de enfermedad mental.

Pero aquí está lo que los profesionales de salud convenientemente olvidan: la sexualidad siempre ha sido un campo de control social. Lo que se considera «normal» ha cambiado radicalmente a lo largo del tiempo. Lo que una cultura considera desviado, otra lo celebra. Lo que hoy es patología, mañana puede ser práctica común.

La patologización no es ciencia. Es poder. Es la forma en que la sociedad dice: «Tu sexualidad es aceptable solo si se ajusta a nuestros parámetros.»

Y cuando tu sexualidad no se ajusta, la solución propuesta es siempre la misma: arreglarse. Cuarse. Reconocer el trauma «subyacente» que obviamente causó esta desviación.

Nunca ocurre a los profesionales de salud que tal vez, solo tal vez, algunas personas simplemente desean lo que desean. Sin trauma. Sin razón oculta. Solo porque es parte de quiénes son.

La Obsesión Con El Trauma

Existe una creencia casi religiosa entre ciertos sectores de profesionales de salud: que todo kink, todo deseo sexual alternativo, es síntoma de trauma no procesado.

¿Eres sumiso? Fue abuso. ¿Eres dominante? Compensas falta de control en tu infancia. ¿Te excita el dolor? Claramente fue maltrato. ¿Te excita la humillación? Definitivamente baja autoestima causada por negligencia parental.

Es un sistema perfecto. Cualquier cosa que digas es evidencia de trauma. Si niegas el trauma, es porque no lo has procesado aún. Si insistes en que eres feliz con tus deseos, es porque los deseos traumatizados a menudo se sienten normales para quien los vive.

No hay forma de ganar. El diagnóstico ya está hecho.

Pero aquí está la verdad incómoda: la mayoría de las personas con prácticas BDSM consensuales, seguras y comunicadas no tienen trauma específico a sus deseos. Tienen vidas normales. Infancias normales. Tal vez con dificultades—porque toda vida tiene dificultades—pero no conexionadas causalmente a sus prácticas kink.

Un hombre puede tener una infancia perfectamente funcional y aun así desear ser sumiso. Una mujer puede venir de una familia donde el poder fue repartido equitativamente y aun así desear dominar. Porque los deseos sexuales son complejos. Porque la erotización no funciona de forma lineal. Porque las personas somos más que la suma de nuestros traumas.

La Falsa Narrativa Del «Arreglarse»

Lo que los profesionales de salud perpetúan es una narrativa peligrosa: que si simplemente procesas tu trauma, tus deseos kink desaparecerán.

Que la sumisión era solo síntoma. Que la dominación era solo compensación. Que una vez «curado», volverás a la sexualidad «normal».

Y muchas personas que creen esto ingresan a terapia esperando exactamente eso. Esperan ser arregladas. Esperan que cuando se resuelva el trauma ficticio, sus deseos kink se esfumarán.

Pero no sucede así. Porque los deseos kink no son síntomas. Son parte de quiénes somos.

He trabajado con personas que pasaron años en terapia intentando «procesar» un trauma para que desapareciera su necesidad de sumisión. Y después de años de trabajo emocional profundo, después de resolver traumas reales, después de sanar heridas auténticas—sus deseos kink permanecen intactos.

Porque no eran síntomas. Eran simplemente verdad.

Lo que cambia, a veces, es la relación que tienen con sus deseos. La vergüenza disminuye. La aceptación aumenta. La integración se vuelve posible. Pero el deseo mismo? Persiste. Porque es parte fundamental de quiénes son.

El Fracaso De Entender Consentimiento

Uno de los errores más grandes de muchos profesionales de salud es la incapacidad de diferenciar entre coerción y consentimiento informado.

Ven BDSM y ven abuso. Porque no entienden que existe una diferencia fundamental entre alguien que es controlado contra su voluntad, y alguien que elige entregar poder y retirarlo cuando desee.

Esa diferencia es todo. Es la diferencia entre trauma y liberación. Entre abuso y sexo ético.

Pero muchos profesionales de salud no hacen esa distinción. Ven restricción y piensan: «Esto es violencia.» Ven humillación y piensan: «Esto es abuso.» Ven entrega de poder y piensan: «Esto es falta de autonomía.»

No entienden que el consentimiento informado, el respeto mutuo, los límites claros, la comunicación constante—todo eso transforma estos actos en algo completamente diferente de lo que ven en su consultorio cuando trabajan con trauma genuino.

Es como confundir a dos amigos jugando lucha libre con agresión. La forma es similar. El contexto es completamente diferente.

La Arrogancia De «Sabemos Qué Es Normal»

Lo que realmente molesta de todo esto es la arrogancia inherente. La convicción de que los profesionales de salud tienen derecho a definir qué es sexualidad sana y qué no.

Pero la sexualidad humana es diversa. Infinitamente diversa. Lo que funciona para una persona es desastre para otra. Lo que es liberador para alguien es aterrador para otro.

La única métrica que debería importar es: ¿Es consensual? ¿Es seguro? ¿Respeta la dignidad de todos los involucrados? ¿Genera satisfacción o transformación positiva?

Si la respuesta es sí a todas esas preguntas, entonces es sexualidad sana. No importa si implica BDSM, kinks, fantasías, o cualquier otra cosa.

Pero muchos profesionales de salud no usan esa métrica. Usan su propia brújula moral. Su propia visión de qué es «correcto». Y cuando tu sexualidad no coincide con eso, diagnostican enfermedad.

Quiénes Realmente Necesitan Ayuda

Aquí está lo importante: hay personas que sí necesitan ayuda respecto a BDSM y kinks. Pero no la mayoría.

Necesitan ayuda quienes experimentan culpa destructiva que interfiere con su vida. Quienes no pueden aceptar sus deseos y eso causa depresión. Quienes tienen parejas que no comprenden y eso genera conflicto.

Pero la solución para estos problemas no es eliminar los deseos. Es integración. Es autoaceptación. Es comunicación.

Un buen terapeuta, uno que realmente entiende, no intenta «curar» el BDSM. Intenta ayudarte a vivir con tus deseos de forma auténtica y sin vergüenza.

Pero esos terapeutas son raros. Porque la mayoría del sistema de salud mental fue entrenado a creer que la sexualidad alternativa es patología.

El Daño Real De La Patologización

Lo que muchos profesionales de salud no ven es el daño que causan con su patologización.

Una persona que llega buscando ayuda para procesar emoción, para aprender a comunicar, para construir una relación BDSM más ética—se va con la convicción de que está enferma. Que sus deseos son síntomas. Que si realmente sanara, dejarían de existir.

Eso genera vergüenza. Genera disociación de los propios deseos. Genera la creencia de que algo está fundamentalmente roto en ti.

Y eso es trauma. Eso es real. Eso es lo que crea problemas.

No los deseos kink. La vergüenza alrededor de ellos.

Lo Que Yo Sé

He trabajado con centenares de personas. He facilitado transformaciones. He ayudado a personas a aceptar sus deseos más profundos y construir vidas sexuales auténticas.

Lo que he aprendido es simple: casi nadie que viene a mí está «roto». Están avergonzados. Están confundidos. Están buscando permiso para ser quiénes realmente son.

Cuando les doy ese permiso, cuando construimos un espacio donde sus deseos son bienvenidos, cuando trabajan con sus parejas para integrar esto en sus vidas—sucede magia.

No se «curan» de sus deseos kink. Se liberan en ellos. Se aceptan. Se transforman.

Y eso es salud mental real. No la represión que muchos profesionales prescriben.

El Llamado A Hacer Mejor

A los profesionales de salud que leen esto: hagan mejor.

Cuestionen lo que les enseñaron sobre BDSM y kinks. Lean más allá del DSM. Hablen con personas que viven estas prácticas de forma ética y consentida. Entiendan que existe una diferencia entre abuso y erotismo consensual.

Y sobre todo, reconozcan los límites de su expertise. Si no entienden BDSM, si no entienden sexualidad alternativa, no diagnostiquen patología donde solo hay diversidad.

Porque el daño que hacen—etiquetando sexualidad como enfermedad, avergonzando a personas por sus deseos, impulsándolas a reprimir partes fundamentales de quiénes son—ese daño es real.

Y es evitable.

La Verdad Simple

Tu sexualidad no necesita ser «arreglada». Necesita ser entendida. Aceptada. Integrada en tu vida de forma ética y segura.

Si vienen deseos kink, si existe necesidad de poder o vulnerabilidad, si te excita algo que la cultura dice que no deberías—no es porque estés traumatizado.

Es porque eres humano. Y la sexualidad humana es compleja, diversa, y hermosa en sus variaciones.

Los profesionales de salud que no pueden ver eso, que insisten en patologizar lo que no entienden, están fallando en su responsabilidad fundamental: hacer el bien sin causar daño.

Porque la verdad es que el daño ya está hecho. Y buena parte viene de sistemas que deberían estar curando, no juzgando.


Tu deseo no es enfermedad. Es verdad. Y eso es completamente diferente.