Despiertas. Te pones ropa que proyecta competencia. Gestos que dicen «tengo todo bajo control». Voz que suena segura. Decisiones que parecen firmes.
Nadie puede saber que lo que realmente quieres es no decidir nada. Que lo que realmente necesitas es que alguien te diga qué hacer. Que lo que realmente te libera es la entrega.
Pero no puedes decir eso. Así que mientes. Todos los días. Con tu cuerpo. Con tus palabras. Con tu presencia.
Eso es masking. Y es agotador.
Qué Es Masking En El Contexto Del Sumiso
Masking, originalmente, es término del espectro autista. Significa enmascarar tu verdadera naturaleza para ajustarte a lo que la sociedad espera de ti. Significa observar a los neurotípicos, copiar su comportamiento, reprimir tus propios impulsos. Es supervivencia a través de imitación.
Para sumisos, el masking es similar, pero el «neurotípico» que estamos imitando es la persona dominante, controladora, que toma decisiones, que lidera.
Vivimos en sociedad que dice que el poder es natural. Que la fortaleza es atractiva. Que el control es deseable. Que liderar es lo correcto.
Y muchos sumisos, la mayoría de sumisos, simplemente… no somos así. No queremos poder. Queremos entregar poder. Queremos ser dirigidos. Queremos que alguien más tenga el control.
Pero eso no se puede decir en público. Así que nos ponemos máscara.
Y vivimos con esa máscara puesta. Constantemente. Hasta que no podemos recordar quiénes somos sin ella.
La Máscara En El Trabajo
En el trabajo, el masking es casi obligatorio.
Necesitas parecer competente. Necesitas tomar decisiones. Necesitas ser asertivo. Necesitas proyectar que tienes todo bajo control. Especialmente si eres mujer en posición de poder. Especialmente si eres hombre en cualquier posición—porque los hombres no pueden admitir que quieren ser sumisos sin ser ridiculizados.
Así que reprimis. Reprimes el impulso de preguntar «¿qué debería hacer?» Reprimes el alivio que sentirías si simplemente alguien te dijera. Reprimes la parte de ti que quiere complacer, que quiere obedecer, que quiere servir.
Durante ocho horas, eres máscara. Eres personaje que no eres.
Y es trabajo. Es trabajo emocional y psicológico agotador. Porque no es postura que adoptes conscientemente y luego sueltas. Es represión activa de quién eres.
La Máscara En Las Relaciones
En relaciones románticas, el masking es incluso más complicado.
Si tienes pareja que no entiende BDSM, que no entiende que quieres ser sumiso, necesitas esconderlo. Necesitas fingir que disfrutas los roles convencionales. Que quieres que se negocie todo equitativamente. Que no quieres alguien que simplemente tome el control.
Muchos sumisos viven vidas enteras con parejas que no saben. Que nunca sabrán. Y tienen que represarse constantemente. «Mi pareja se sentiría asustada si supiera que quiero ser controlado.» «Mi pareja se sentiría traicionada si supiera que quiero entregar poder.» «¿Y si piensa que es porque no respeto?»
Así que reprimes. Y reprimir lo que quieres en intimidad es represión de quién eres en tu nivel más fundamental.
Es disociación lenta. Es gradual desconexión de tu propio deseo.
La Máscara Con La Familia
Con familia, el masking es casi automático.
Necesitas ser «normal». Necesitas que tu sexualidad sea invisible. Que tus deseos sean invisibles. Que sea imposible que alguien infiera que hay algo «raro» en ti.
Algunos sumisos crecieron en familias donde había control abusivo. Donde hubo dominación sin consentimiento. Y entonces asocian sumisión con trauma. Se dicen a sí mismos: «No puedo ser sumiso. Eso significa que algo anda mal. Que tengo trauma. Que estoy dañado.»
Así que reprimen el deseo. Se convencen de que no es real. O que es síntoma.
Otros crecieron en familias donde el poder era patriarcal, donde había jerarquía clara, donde alguien «lideraba» siempre. Y entonces la sumisión consensuada se confunde con subordinación forzada. «Si admito que quiero ser sumiso, ¿estoy perpetuando el abuso que ví?»
Así que reprimen eso también.
El Costo Del Masking Constante
Masking no es gratis. Tiene costo.
Disociación: Después de años de separar quién eres de quién aparentas ser, puedes perder contacto con tu verdadero yo. Miras tu vida desde afuera. No reconoces la persona que ves en el espejo. Porque no eres esa persona. O al menos no completamente.
Depresión: Represión constante de parte fundamental de quién eres genera depresión. No es depresión clínica necesariamente, aunque puede serlo. Es depresión existencial. Es: «¿Para qué soy si no puedo ser quién soy?»
Ansiedad: Miedo constante de que alguien descubra. Miedo de que deslices la máscara. Miedo de las consecuencias. La ansiedad de vivir con secreto tan grande es agotadora.
Desconexión de deseo: Después de reprimir tanto tiempo, puede ser difícil acceder a tu propio deseo. Preguntas «¿Qué quiero realmente?» y la respuesta no está clara. Porque la has guardado tan profundo que casi no recuerdas.
Relaciones superficiales: Si no puedes ser auténtico, tus relaciones son superficiales. Incluso si amas a la persona, hay parte de ti que está cerrada. Que no confía. Que está siempre guardándose.
Síntomas somáticos: El cuerpo mantiene score. Dolor crónico. Problemas digestivos. Tensión crónica. Tu cuerpo sabe que estás mintiendo, incluso si tu mente lo ha normalizado.
Pérdida de identidad: Después de años de masking, cuando finalmente tienes espacio para ser auténtico, puede ser aterrador. ¿Quién soy sin la máscara? ¿Qué quiero? ¿Quién soy cuando nadie está mirando?
El Momento De La Sesión
Y luego llega el momento. Cuando finalmente tienes espacio seguro. Cuando finalmente puedes soltar la máscara.
Para muchos sumisos, eso es la primera vez en años que pueden ser completamente honestos. Que pueden decir «quiero ser controlado». Que pueden dejar que alguien más tenga el poder. Que pueden dejar de fingir.
Es liberación. Es alivio. Es como soltar aire que has estado conteniendo.
Pero también puede ser aterrador. Porque has vivido con la máscara tanto tiempo que tu verdadero yo es casi desconocido. Cuando finalmente lo dejas salir, puede ser caótico. Puede haber emociones que no esperabas. Puede haber vulnerabilidad que te asusta.
Algunos sumisos describen primera sesión como «como volver a casa». Como si hubieran estado perdidos y finalmente encontraran el camino.
Otros describen como «reconocimiento». Como si una parte de ti que negaste tan tiempo de repente fuera visible, y fuera impactante verla.
El Problema Después De Sesión
Y luego, sucede algo complicado.
Regresas a tu vida. A tu trabajo. A tu familia. A tu pareja. Y necesitas volver a poner la máscara.
Y ahora sabes cómo se siente no usarla. Sabes cómo se siente ser auténtico. Y ponérsela de nuevo es aún más difícil.
Algunos sumisos reportan que después de primera sesión conmigo, todo se siente falso. Su trabajo se siente falso. Sus relaciones se sienten falsas. Porque ahora saben qué es real. Y no pueden pretender que la máscara es suficiente.
Es cuando muchas personas comienzan el proceso de integración. De traer más de su verdadero yo a su vida cotidiana. De quitarse la máscara de formas más significativas.
La Diferencia Entre Masking Y Límites
Aquí es importante hacer distinción: no todo ocultamiento es masking.
Tener límites—decidir que no todos necesitan saber tu orientación sexual, tus prácticas, tus deseos—eso es límite sano. Eso es privacidad.
Masking es diferente. Masking es represión activa. Es negación de quién eres. Es vivir como si esa parte de ti no existiera.
La diferencia está en integridad interna. ¿Sé quién soy y elijo no decirlo? O ¿Niego quién soy tan profundamente que casi no reconozco la verdad?
La primera es límite. La segunda es masking.
El Viaje De Des-masking
Para muchos sumisos, trabajar conmigo es el comienzo de des-masking. De lentamente, cuidadosamente, traer más de su verdadero yo a su vida.
No significa gritar a todo el mundo que eres sumiso. No significa que tu jefe deba saber. No significa que tus padres deban saber.
Significa encontrar formas de ser más auténtico. Significa permitirte necesitar cosas que necesitas. Significa no disculparte por querer lo que quieres.
Significa, en tu relación romántica (si es seguro), comenzar a explorar «¿Y si pudieras ser honesto?»
Significa, en tu mente privada, dejar de decirte que está mal. Que es desviado. Que debería querer algo diferente.
Significa, gradualmente, quitarte la máscara.
Es proceso. No sucede de la noche a la mañana. Pero sucede.
Lo Que He Visto
He visto sumisos que llevan años en sesiones conmigo, y durante ese tiempo, puedo verlos des-masking. Ven más relajados. Menos defensivos. Menos necesidad de proyectar lo que no son.
He visto hombres que creían que no podían admitir vulnerabilidad, finalmente permitirse ser vulnerables. Con una pareja. Con un amigo. Con ellos mismos.
He visto mujeres que creían que la sumisión las hacía débiles, finalmente entender que su capacidad de entrega es fortaleza.
He visto personas que gastaron décadas viviendo mentira, finalmente encontrar permiso para ser honesto.
Y la transformación es palpable. Es como si una luz se encendiera. Como si finalmente pudieran respirar.
Lo Que Quiero Que Entiendas
Si eres sumiso y estás viviendo con máscara, esto es para ti:
Tu verdadera naturaleza no es error. No es debilidad. No es desviación que necesita ser «arreglada».
Es verdad. Es parte fundamental de quién eres.
Y vivir negando eso es costo enorme. Es costo a tu salud mental. A tu conexión con otros. A tu integridad.
No digo que debas quitar la máscara en todos lados. Hay lugares donde privacidad es apropiada. Hay contextos donde compartir eso no es seguro.
Pero en tu mente privada. En espacios seguros. En relaciones donde hay confianza. Permite ser honesto. Permite necesitar lo que necesitas. Permite ser sumiso sin culpa.
Porque la sumisión consensuada, comunicada, ética—eso es hermoso. Eso es verdad. Eso es liberación.
Y merecés acceso a eso. Incluso si es en espacios pequeños. Incluso si es privadamente.
Merecés no gastar toda tu vida con máscara puesta.
La máscara es supervivencia. Pero la autenticidad es vida.