Cada semana recibo consultas similares. Personas que llegan con curiosidad, con dudas, a veces con vergüenza, y siempre —siempre— cierran con la misma pregunta: «¿Es normal?»
Preguntan sobre bondage, sobre dominación, sobre sumisión, sobre rol play, sobre dinámicas específicas que los excitan. Y después, como si necesitaran una validación externa, añaden: «¿Esto es normal?»
Y yo siempre respondo con otra pregunta: ¿A ti te parece normal?
El mito de la normalidad
Aquí está la verdad incómoda: no existe una «normalidad» cuando hablamos de sexualidad y deseo. Es una ilusión colectiva que hemos construido durante siglos, un espejismo que nos hace creer que hay una forma «correcta» y «establecida» de experimentar placer, fantasía y conexión.
La realidad es mucho más compleja y, honestamente, mucho más interesante.
Lo que la sociedad llama «normal» es simplemente lo que la mayoría ha decidido contar en voz alta. Pero ¿cuántas personas están viviendo prácticas «no normales» en la intimidad? ¿Cuántas están guardando sus deseos más verdaderos por miedo a ser juzgadas? Probablemente muchas más de las que imaginas.
La normalidad es un constructo social, no una verdad universal. Y cuando alguien te pregunta «¿es normal?», lo que realmente está preguntando es: «¿Estoy seguro? ¿Hay otros como yo? ¿Puedo permitirme desear esto?»
El trabajo real no es categorizar, es permitir
Como mistress y coach BDSM, mi trabajo no es darte una lista de lo que es «aceptable» o no. Mi trabajo es ayudarte a deconstruir esa pregunta misma.
Porque aquí viene lo importante: cuando alguien pregunta si algo es normal, frecuentemente está buscando permiso. Permiso de una autoridad externa para sentir lo que siente, para desear lo que desea, para explorar lo que lo excita.
Pero ese permiso tiene que venir de dentro.
Cuando me preguntan «¿es normal?», yo cuestiono el término. Porque la verdadera pregunta no debería ser si algo es normal. La verdadera pregunta debería ser:
- ¿Te atrae?
- ¿Es consensuado?
- ¿Es seguro?
- ¿Respetas a tu pareja/parejas?
- ¿A ti te parece normal?
Esa última pregunta es la que importa.
Deconstruyendo el concepto
Pensemos en esto: hace 50 años, muchas prácticas consideradas «normales» hoy eran tabú. Hace 100 años, otras eran impensables. Y en otras culturas, lo que aquí es transgresivo es completamente ordinario.
La «normalidad» se mueve. Evoluciona. Se transforma según la época, la geografía, la cultura, la familia donde creciste.
Entonces, ¿qué es realmente normal?
Normal es lo que funciona para ti. Normal es lo que te permite conectar con tu sexualidad de forma auténtica. Normal es lo que ocurre entre adultos que consienten, que se comunican, que se respetan.
Quizás eres alguien que necesita dinámicas de poder para sentir placer. Quizás necesitas experimentar entrega. Quizás te excita dominar. Quizás necesitas dolor, control, humillación consensuada, rope, sensory play, o cualquier infinidad de expresiones del deseo humano.
Todo eso es normal. Para ti. Y eso es lo único que importa.
El poder de la pregunta invertida
Cuando alguien viene a mí con una práctica específica y me pregunta «¿es normal?», he aprendido que cuestionarles con mi propia pregunta es liberador: «¿A ti te parece normal?»
Esa pregunta hace algo mágico. Los detiene. Los obliga a reflexionar. Los invita a conectar con su propio criterio, su propio deseo, su propia verdad.
Y en la mayoría de los casos, la respuesta es: «Sí. A mí me parece completamente normal. Me hace sentir bien. Me excita. Me permite conectar.»
Entonces ya está. No necesitas mi validación. Ya tienes la tuya propia.
Claro, hay excepciones. Cuando alguien describe algo que cruza límites de consentimiento, de seguridad, o de respeto, entonces sí hay un espacio para la educación. Para explicar por qué ciertas prácticas requieren más cuidado, más comunicación, más acuerdos claros.
Pero eso no es sobre «normalidad». Es sobre ética, comunicación y seguridad.
Lo que quiero que sepas
Si has llegado hasta aquí porque te haces la pregunta «¿es normal?», quiero que entiendas algo fundamental:
Eres normal. Exactamente como eres. Con tus deseos, tus fantasías, tus curiosidades y tus límites.
Lo que importa no es si coincides con la estadística de qué hace la mayoría. Lo que importa es si:
- Eres honesto contigo mismo
- Comunicas claramente con tus parejas
- Practicas consentimiento entusiasta
- Priorizas la seguridad
- Te respetas a ti mismo y respetas a otros
Si haces eso, entonces tu versión particular de «normal» es exactamente la correcta.
Una invitación desde mi espacio
Si aún tienes dudas, si necesitas un espacio seguro para explorar tus deseos, para deconstruir creencias limitantes sobre tu sexualidad, para aprender a comunicar lo que deseas sin vergüenza: ese es el trabajo que hago en mis sesiones de coaching.
No vengo a decirte qué es normal. Vengo a ayudarte a descubrir tu propia verdad, y a partir de ahí, construir una sexualidad auténtica, consensuada y plena.
Porque la verdadera liberación no viene de saber qué es normal.
Viene de atreverte a ser exactamente quien eres.
¿A ti te parece normal?