mistressnyx.com · 2 min de lectura
Recibí un recorte de periódico por correo postal. Mi sumiso me lo envió para que le echara un vistazo. El artículo habla del club NYX de Madrid, entre otros mi tocayo, por cierto, que todavía no he tenido el placer de visitar. Habla sobre lo seguros que son los clubes y remarca lo consensuado que está todo. Lo bien que lo estamos haciendo. Un artículo que parece dar visibilidad.
Tras un par de lecturas me doy cuenta de que el periodista hace un safari. Entra como un voyeur, con intención de encontrar las escenas más morbosas. Existe ese componente de circo de los monstruos, donde uno va a mirar lo más increíble y sorprendente sin tener en cuenta que detrás hay personas reales. Rebusca personajes. Una esposa estrujándole los testículos a su marido: así es como engancha al lector. Luego habla de Lucas, de Inklub, y ya se refiere a él en su escrito como «personaje», porque es artista, joyero, tarotista, camarero, cantante… y también porque tiene un esbirro con el que juega en su tiempo libre. Seguramente Lucas se alegra de la entrevista y de salir en ICON, ¿pero cómo lo ven los lectores? Me temo que como un «personaje».
También afirma que los swingers no están del todo bien vistos en los clubes BDSM. Eso es erróneo. De hecho, muchas personas han pasado del mundo swinger al BDSM. Lo que no se tolera no es venir de un sitio o de otro, sino entrar sin respeto por las dinámicas y sin intención de tomárselas en serio. Su afirmación excluye a toda una comunidad por algo que no tiene que ver con el respeto, sino con la etiqueta.
Tengo que reconocer que hay información útil para los curiosos, aunque casi toda la aporta la experta, Esperanza López, más que el propio periodista. Lo más valioso es la metáfora del semáforo —verde, amarillo, rojo— para comunicar dentro de la sesión cuándo seguir, frenar o parar. También la diferencia entre consentimiento y consenso: puedes decir que sí bajo presión o con miedo; el consenso implica aceptar, participar y disfrutar. López explica además el aftercare, el cuidado posterior, y marca la línea entre el abuso y la práctica consensuada. Refuerza todo ello con su libro, BDeSéaMe. Es positivo que aparezca en medios, porque normaliza.
No tengo la menor duda de que el colectivo no va a caer bien de un día para otro, ni creo que sea esa la intención. Pero con el tiempo puede permitir una salida del armario, como está pasando en países como Alemania o Estados Unidos, con un pasado y una trayectoria más largos.
Referente al escrito, esto para mí no es periodismo. Un periodista de fondo no se queda en la superficie: contrasta la información que recibe y argumenta. Esto es un artículo de entretenimiento. Mañana alguien le dice en un club que no se aceptan palomas, y se lo cree. Lo lee todo el País.